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Enfoques Epistemológicos - Positivismo vs. Construccionismo



Una decisión ética, no solo técnica

Al enfrentar el proceso de evaluación psicológica, considero que una de las decisiones más importantes que tomaremos como futuras profesionales es desde qué postura epistemológica decidimos trabajar. Esta elección no es trivial, ya que define cómo entendemos al ser humano, cómo interpretamos su realidad y cómo intervenimos en su vida.

Crítica a la rigidez del positivismo

El enfoque positivista, según Pérez Lalli (2011), busca derivar “conclusiones diagnósticas verdaderas” mediante la aplicación estricta de instrumentos psicométricos estandarizados (p. 109). Aunque esto otorga un aparente nivel de precisión y control, considero que este paradigma puede volverse excesivamente rígido. Figueroa Rodríguez (2012) critica que esta perspectiva ignora o minimiza “la pertinencia del contexto social, cultural y político” que moldea la experiencia de la persona (p. 14). Desde mi reflexión, aplicar exclusivamente este enfoque puede llevar a interpretaciones simplistas. Por ejemplo, si un paciente obtiene un puntaje alto en ansiedad, ¿puedo asumir automáticamente que tiene un trastorno? ¿Qué pasa si ese puntaje está mediado por una pérdida reciente, precariedad económica o su trasfondo cultural? Desde mi punto de vista, una prueba, aunque válida psicométricamente, puede resultar insuficiente si se ignoran estos elementos.

El construccionismo como enfoque dialógico

Aquí es donde el construccionismo ofrece una alternativa profundamente humana. Para este enfoque, la evaluación psicológica es un proceso de construcción conjunta de significados, donde los datos cobran sentido solo dentro de la relación entre evaluador y evaluado (Figueroa Rodríguez, 2012). Pérez Lalli (2011) subraya que en esta práctica el psicólogo no es un mero aplicador de técnicas, sino un investigador de la subjetividad, consciente de que toda interpretación está mediada por el contexto, la teoría y su propia visión ética. Desde esta perspectiva, evaluar es también escuchar, dialogar y resignificar. Como profesional en formación, esta visión me interpela éticamente y me recuerda que trabajo con personas reales, no con cifras aisladas.

Ejemplo aplicado:

Imaginemos un niño de 10 años con bajo rendimiento académico, si el análisis se limita únicamente a los resultados de una prueba psicométrica, desde una lógica positivista se habría concluido que el menor necesitaba refuerzo escolar. Sin embargo, al ampliar la mirada desde una postura construccionista y considerar el contexto familiar y emocional del niño es posible comprender que su bajo rendimiento era más bien una manifestación secundaria de un malestar emocional profundo. Esta visión permitiria reinterpretar los datos no como verdades objetivas, sino como señales dentro de una red de significados. Así, la evaluación dejaría de ser un dictamen aislado para convertirse en una herramienta ética y comprensiva que orienta verdaderas posibilidades de acompañamiento.

Personalmente me identifico con el construccionismo porque me recuerda que nunca trabajo con datos puros, sino con vidas. Como afirma Figueroa Rodríguez (2012), el psicólogo tiene “la posibilidad de concienciar y emancipar” (p. 15). Esta afirmación no solo define un método, sino una postura ética: la evaluación psicológica no es una sentencia, sino una oportunidad de transformación. Concluyo que elegir una postura epistemológica no es simplemente una decisión teórica, sino una decisión profundamente ética. El positivismo aporta herramientas valiosas, pero puede caer en reduccionismos.
El construccionismo invita a una práctica más crítica, contextual y humana. Desde mi punto de vista, es este último el que mejor responde a los desafíos éticos y complejos de nuestra disciplina.

Complemento técnico y ampliado

A manera de complemento más técnico considero importante profundizar en las posturas epistemológicas desde autores como Casullo (1999), Tapia (2011), Nunes Baptista (2006) y Rodríguez (2015), sin dejar de lado lo planteado por Figueroa (2012) y Pérez Lalli (2011).

Casullo (1999) subraya que la evaluación debe adecuarse a los distintos modelos y contextos socioculturales, rechazando su uso como una práctica estática. Esta crítica cuestiona la tendencia del positivismo a generalizar criterios diagnósticos como si todos los seres humanos fueran homogéneos. Evaluar, entonces, deja de ser un acto técnico para convertirse en una práctica política, ética y situada que debe considerar factores individuales y estructurales.

Esto se articula con el enfoque histórico-cultural planteado por Rodríguez (2015), quien advierte que descontextualizar la evaluación puede generar interpretaciones simplistas o ideológicamente sesgadas. Evaluar no es solo recolectar síntomas o aplicar escalas, sino también visibilizar las condiciones sociales, económicas y culturales que atraviesan la vida del sujeto.

Por su parte, Tapia (2011) señala que evaluar implica recoger información para tomar decisiones y resolver problemas (p. 17). En lugar de ver la evaluación como un trámite reglamentario, debe asumirse como una herramienta para transformar la vida concreta de las personas. Nunes Baptista (2006) complementa este punto exigiendo una sensibilidad ética especial en contextos de salud, pues factores emocionales como el estrés o la depresión se entrelazan con condiciones institucionales y ambientales.

La noción de “contexto psicológico” no es un añadido teórico, es una condición esencial para orientar intervenciones éticas y coherentes. Evaluar es una acción crítica, transformadora, donde el psicólogo debe actuar como intérprete activo del sufrimiento humano, no como técnico indiferente.

Finalmente, sostengo que los distintos paradigmas (positivista, construccionista, histórico-cultural, entre otros) configuran modos distintos de ver al evaluado y a la realidad misma. El desafío profesional es reconocer desde qué marco trabajamos y evitar caer en reduccionismos metodológicos. Como dice Pérez Lalli (2011), los modelos no son fines en sí mismos, sino herramientas para comprender la complejidad humana. Evaluar es entonces un acto ético, social y profundamente humano.

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Referencias Bibliográficas

Aragón, L. (2011). Evaluación psicológica . Manual Moderno. https://ebooks-manualmoderno-com.bibliotecavirtual.unad.edu.co/pdfreader/evaluacin-psicolgica50075250/?pno=7 Casullo, M. M. (1999). La evaluación psicológica: Modelos, técnicas y contexto sociocultural. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica, 1 (7), 97‑113. http://search.ebscohost.com.bibliotecavirtual.unad.edu.co/login.aspx?direct=true&db=edsdnp&AN=edsdnp.6942461ART&lang=es&site=eds-live&scope=site Figueroa Rodríguez, J. (2012). Positivismo vs. construccionismo: Implicaciones en la práctica del psicodiagnóstico y la psicoterapia. Informes Psicológicos, 12 (2), 11‑27. http://search.ebscohost.com.bibliotecavirtual.unad.edu.co/login.aspx?direct=true&db=edsdnp&AN=edsdnp.5229725ART&lang=es&site=eds-live&scope=site Nunes Baptista, M. (2006). Evaluación psicológica en la salud: Contextos actuales. Estudios Sociales: Revista de Investigación Científica, 14 (28), 137‑1...

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