¿Qué es un modelo y qué aporta al proceso de evaluación?
Según Casullo (1999), un modelo es “un sistema formal, un constructo epistemológico integrado por una serie de postulados teóricos que nos permite conceptualizar los fenómenos de los problemas que intentamos comprender y explicar” (p. 101). Es decir, opera como un marco de referencia que estructura nuestras preguntas, define qué atributos se observan y ofrece un lenguaje común para transformar una realidad compleja en variables comprensibles. El modelo orienta qué dimensiones son pertinentes (si el foco está en el sujeto, el contexto o su interacción) y en consecuencia qué técnicas deben seleccionarse. La elección de pruebas, entrevistas u observaciones no es azarosa, sino coherente con el enfoque teórico del modelo que guía la evaluación.
Casullo (1999) menciona que el modelo actúa en los momentos de descubrimiento, justificación y aplicación y sirve como punto de referencia para la construcción de los datos. Esto implica decisiones sobre cómo se obtienen las evidencias, cómo se codifican y qué criterios se usan para su validez y confiabilidad. Un modelo útil reconoce además que los fenómenos psicológicos son “socioculturalmente construidos” (p. 104), lo cual exige adaptar instrumentos a la realidad del evaluado y evitar conclusiones etnocéntricas.
Por tanto, un modelo no solo guía la práctica, sino que la transforma y la alimenta.
Modelos de evaluación en psicología
Basado en Tapias (2011)
Modelo psicodinámico
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Su finalidad no es clasificar, sino comprender la dinámica interna del sujeto como los conflictos inconscientes, mecanismos de defensa o pautas relacionales.
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El material evaluativo emerge en la relación evaluador-evaluado (transferencia y contratransferencia).
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Se exploran afectos reprimidos, formas de evitación, temas recurrentes, recuerdos infantiles y sueños.
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Las hipótesis no se verifican en datos previos, sino en vivo como una interpretación modifica la respuesta del paciente, se considera válida.
Modelo humanista
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Parte del conflicto entre la experiencia interna y la conducta externa, la evaluación busca hacer consciente esa incongruencia.
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La relación debe basarse en empatía, autenticidad y aceptación incondicional.
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Las pruebas solo se usan si la persona lo permite y como herramienta de autoexploración, no de diagnóstico.
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Privilegia el relato fenomenológico presente, evita etiquetas diagnósticas y comparte la información con transparencia para fomentar la autodirección.
Modelos conductuales
Condicionamiento operante
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Se centra en el análisis funcional ABC: antecedentes discriminativos (A), conducta problema (B), consecuencias reforzadoras o punitivas (C).
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Evalúa la frecuencia, forma y función de la conducta para intervenir modificando la contingencia.
Condicionamiento clásico mediacional
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Muchos síntomas se interpretan como respuestas condicionadas.
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Se identifican estímulos que disparan emociones (EC) y conductas de evitación (RC).
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El análisis busca establecer cadenas EC–RC para aplicar técnicas como extinción o contracondicionamiento.
Aprendizaje social
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Plantea un determinismo recíproco entre persona, ambiente y conducta.
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La evaluación considera simultáneamente, patrones de comportamiento, factores contextuales y aspectos personales como la autoeficacia.
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Incluye el papel del aprendizaje vicario y la anticipación simbólica en el origen y mantenimiento de la conducta.
Conductismo
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Analiza la interacción entre repertorios básicos, cognitivo-verbal, emocional-motivacional y sensoriomotor.
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La evaluación busca identificar déficits, excesos o asociaciones disfuncionales en estos repertorios, así como su historia de aprendizaje.
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Este enfoque considera la conducta en su contexto histórico y situacional, ampliando las posibilidades de intervención.

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