Una mirada más allá del evento único
Tal como lo plantea Figueroa Rodríguez (2012) la evaluación psicológica no debe entenderse como un evento aislado y cerrado, sino como un proceso dinámico, en constante transformación. Esta afirmación tiene sentido cuando se reconoce que las personas viven en realidades complejas que cambian con el tiempo y que por tanto no pueden ser comprendidas desde una única medición estática.
El enfoque construccionista afirma que las categorías diagnósticas rígidas no pueden dar cuenta de la variabilidad emocional, social y cultural que atraviesa la vida del evaluado. Como lo cita Figueroa Rodríguez (2012), “la evaluación, más que un evento único y absoluto, es un proceso dinámico” (p. 20), en el cual el sujeto no es solo evaluado, sino que también construye sentidos junto al profesional, en un acto relacional.
Crítica a la evaluación positivista descontextualizada
Desde el paradigma positivista el proceso evaluativo tiende a centrarse en mediciones cuantificables a partir de pruebas estandarizadas, con el objetivo de clasificar a los sujetos. Esta lógica aunque rigurosa, tiende a ignorar el contexto vital del evaluado, reduciendo su complejidad a un número o etiqueta diagnóstica. Figueroa Rodríguez (2012) advierte que este enfoque absolutiza los resultados psicométricos y corre el riesgo de hacer psicometría en vez de psicología. Desde esta postura el problema no radica en las pruebas por sí mismas, sino en el uso acrítico de sus resultados, sin atender las condiciones culturales, familiares o emocionales del evaluado.
Ejemplo vivido
Una experiencia personal que me marcó fue cuando acompañé a un familiar con diagnóstico de autismo leve a un instituto especializado en evaluación cognitivo-conductual. Allí, se aplicaron varias baterías neuropsicológicas desde un enfoque puramente técnico. Si bien los resultados revelaron algunas dificultades atencionales y sociales, noté que ninguno de los profesionales exploró preguntas importantes sobre su entorno como la dinámica familiar, su experiencia escolar o sus vínculos sociales. La evaluación fue exhaustiva desde el punto de vista psicométrico, pero ciega desde lo humano y contextual. Este caso muestra lo que denuncia Figueroa Rodríguez, y es el riesgo de reducir la evaluación a la recopilación de puntajes, sin interpretarlos desde la subjetividad ni desde el contexto que los origina.
El construccionismo
El enfoque construccionista propone entender la evaluación como un proceso relacional, donde los significados no están dados de antemano, sino que emergen en la interacción entre evaluador y evaluado. Esta perspectiva rompe con la lógica del dato aislado y propone una construcción compartida del sentido, lo que implica un mayor compromiso ético y una actitud reflexiva permanente. Desde esta postura, evaluar no es solo “medir” sino dialogar, resignificar y acompañar. Es comprender que una persona no puede ser encapsulada en un resultado, sino que debe ser escuchada en su contexto de vida.
Comprender la evaluación como un proceso dinámico me ha hecho ver que la objetividad no debe ser confundida con rigidez. Como futura psicóloga no me basta con aplicar escalas o cuestionarios, sino que debo interpretar los resultados, contextualizarlos y construir junto al evaluado una comprensión útil y transformadora. Este enfoque me recuerda que evalúo personas, no cifras, y que cada evaluación es una oportunidad de generar comprensión, alivio y cambio. Pienso que la evaluación ética no termina en un informe, sino que apenas comienza con él.

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